Índice

Prefacio y agradecimientos

I. Antropoceno

Demasiado humano

Habitus sublime

Una existencia falible

Amnesia colectiva

¿La supervivencia de quién?

II. Inseguro por diseño

La vida del liberalismo tardío

La evacuación de lo social

Lo posthumano

La valoración de la adaptabilidad

Conectarse con el peligro

III. La pobreza de la vulnerabilidad

Recuperación sustentable

Futuros no compartidos

La degradación del sujeto

Los márgenes de la existencia

Ingenio verdaderamente existente

IV. Vivir en peligro

La ansiedad de la masa

La crisis de la vida completa

La tragedia de la vulnerabilidad

Expuesto con violencia

Violencia premética

Nihilismo irrestricto

V. Atmos

Más allá de bíos

La política de la atmósfera

Una tierra patológica

Atmosis

VI. Fines de partida

La catástrofe próxima

La verdad de la catástrofe

Catastrofismo

Zonas muertas

El último imperio

VII. El arte de la política

Más que humano

La vida como obra de arte

Agotado por el sufrimiento

La política de la profecía

Más allá del fin de los tiempos

El final de un comienzo

Bibliografía selecta

Índice analítico

Para aquellos del pasado y del presente
con quienes seguimos colaborando
«en confianza».

Acabó, se acabó, acabará, quizá acabe.

SAMUEL BECKETT,
Fin de partida

Quizá creer en este mundo, en esta vida,
se convierta en nuestra tarea más complicada
o en la tarea de un tipo de existencia que aún debe descubrirse.

DELEUZE Y GUATTARI,
¿Qué es la filosofía?

Prefacio y agradecimientos

El prefacio de Michel Foucault a El anti Edipo de Gilles Deleuze y Félix Guattari es una obra independiente que todos los estudiantes de política deberían leer antes de que la tiranía del positivismo los adoctrine. A la vez que nos permite denunciar todas esas interpretaciones trilladas de su obra que la entienden como crítica por la crítica misma, este ensayo, que tiene una fuerte carga política, proporciona lineamientos claros y meticulosos para una existencia liberada. El blanco de la intervención de Foucault al capturar el espíritu de la época no era simplemente un neoliberalismo cada vez más dominante que revelaba sus novedosas tendencias fascistas, sino las voces ortodoxas de la izquierda, cuya arte (ars politica) principal era más que cómplice en perpetuar la opresión, pues no lograba desafiar el poder en sus propios términos. Foucault apuntó directamente a los que calificó como los «tristes militantes» de la teoría que eran incapaces de retirar su alianza de las «categorías de lo negativo». Actualmente el espíritu de esta crítica es más que relevante, pues el poder de lo negativo sigue siendo tan dogmático como siempre; si bien revestido con la nueva forma de una vulnerabilidad autentificada que suscribe las preocupaciones que se expresan en este texto. Por lo tanto, al revisar la obra de Foucault a la luz de la nueva cartografía del poder político en el siglo XXI, sostenemos que cada proyecto intelectual de tipo político debería seguir ciertos principios básicos:

1. Mostrar una sospecha profunda ante cualquier cosa que se recubra de ropajes universales. Poner en duda aquello que no se cuestiona en el estado normal de las cosas.

2. Dejar atrás cualquier evaluación de las operaciones del poder que sea santurrona y se absuelva a sí misma. Buscar tratar con el poder al nivel de sus efectos y las maneras en que manipula positivamente a los sujetos para que abandonen voluntariamente sus propias libertades políticas.

3. Resaltar las cualidades afirmativas de las subjetividades. Esto no sólo resulta esencial en la lucha contra el fascismo en todas sus formas, sino que desafía el narcisismo de aquellos que harían que nos rindiéramos a la misericordia del mundo.

4. Hablar con seguridad sobre la habilidad de transformar al mundo, no con el fin de mejorarlo sino por la transformación misma. Sin un compromiso abierto con las personas que vendrán, la batalla ya está perdida.

5. Utilizar la provocación como una herramienta política. No con el fin de poner en evidencia opiniones extremas sino para ilustrar la manera en que el poder normalizador realmente teme a cualquier cosa que parece remotamente excepcional. En esto se incluye sin duda lo poético.

6. Confiar en las cualidades irreducibles de la existencia humana. Los sentimientos que tenemos, las atmósferas que respiramos, la estética que abrazamos, las fábulas que escribimos, los personajes juguetones que construimos, todos estos son integrales para la formación de una nueva imagen de pensamiento.

7. Tener esperanza en las personas. Así como se resistirán a cualquier cosa que les resulte opresiva e intolerable, del mismo modo encontrarán soluciones dignas a los problemas sin importar nuestros mejores esfuerzos.

8. No rehuir el conflicto. Sin conflicto no hay resistencia al poder y sin resistencia al poder no hay creación de existencias alternas.

9. Revelar por completo nuestras orientaciones políticas. No abstraerlas de la obra. Un engaño de este tipo corresponde a aquellos que se sienten apenados por la mediocridad de su poder.

10. Hablar con el valor de decir la verdad, que narra una historia para afectar varios registros de significado. Ningún libro que no nos rete intelectualmente ni nos conmueva sentimentalmente debe leerse.

Del mismo modo en que no se puede encontrar afirmación alguna en una búsqueda técnica de la felicidad, no existe nada convincente en una prosa política que no despierte nuestra imaginación para obligarnos a vivir de modo diferente. Un viaje de este tipo comienza con el desafío de lo que pareciera razonado, benévolo y en consonancia con la lógica de la época. Nosotros llegamos al problema de este libro al adoptar precisamente este punto de vista. Detectamos antes que nadie que la resiliencia se estaba volviendo ubicua y, por consiguiente, se trata de la primera crítica política sustancial del concepto. Aunque sus rastros ya estaban bien establecidos en varios campos, nos resultaba claro que las ciencias políticas iban a volverse cómplices absolutas de su influencia. Si bien la fusión de seguridad, desarrollo y ecología permitieron la polinización cruzada de ideas en torno a la resiliencia sistémica, con lo que este vocablo ingresó a nuestro léxico político, pronto se convirtió en un término especializado esencial que utilizaban cuerpos de financiamiento y departamentos de recursos humanos con el fin de promover el programa de resiliencia y a académicos con enfoques de resiliencia. Nos pareció particularmente problemática la velocidad con que esta doctrina pasó de ser una curiosidad mal definida a un dogmatismo universal despojado de cualquier reflexión crítica rigurosa. Nuestro trabajo debía abordar ese mantra dominante según el que «todos debemos aprender a adquirir mayor resiliencia» y cuestionar los supuestos ontológicos y epistemológicos de los que surgió con tal celeridad este dogmatismo. Aquello que, en un sentido político, estaba en juego no podía parecernos más claro. Antes que simplemente pedir a los académicos que estudien la resiliencia para que podamos mejorar las vidas de los pueblos oprimidos y proporcionar nuevas maneras de comprobar y descalificar el significado de las vidas en una época de crisis interminable, la resiliencia presentó una nueva forma de intervención política que impactaba en todos los aspectos de la existencia y la experiencia humana.

No obstante, ¿qué significa tener resiliencia académica? Y, ¿qué supuestos respaldan esta exigencia, de tal modo que cuestionarla pareciera fútil? Varios de estos supuestos se volvieron muy evidentes simplemente con observar el dogma predominante de quienes forman parte de los mundos de la política y, en particular, de las áreas de la ecología, la economía y la psicología, que tienen una ventaja particular (lo que no resulta sorpresivo) en relación con las academias políticas que aún se lamentan por la pérdida de su dominio soberano, que alguna vez les otorgó, si bien de modo diluido, cierta posición privilegiada en el mundo. La resiliencia convertía el lenguaje de la inseguridad en el orden natural de las cosas; se convertía a sí misma en un imperativo moral a partir de sus relaciones con el razonamiento catastrófico como una respuesta lógica a crisis graves e inevitables; además, se presentaba como un atributo universal, que hacía necesario aprender las complejas habilidades de adaptación y recuperabilidad (bouncebackability). Nada de lo anterior resulta controvertido desde la perspectiva de la supervivencia, a menos, por supuesto, que se consideren las apuestas políticas. Por ejemplo, ¿como académicos deberíamos aceptar que nuestro ambiente es fundamentalmente inseguro por diseño? ¿Acaso debemos simplemente aceptar nuestro precario estado como productores, de tal modo que la educación, como cualquier otra cosa, tenga una propensión a fallas catastróficas? ¿En realidad qué significa que los académicos, en las ciencias sociales y las humanidades, tomen parte de modo activo en un mundo que promueve la vulnerabilidad como la base auténtica del intelectualismo? ¿Cuál sería la apariencia de un compromiso intelectual con la supervivencia, tomando en cuenta el ataque continuo del neoliberalismo contra la academia, gracias al cual el éxito cada vez más pareciera depender de una conformidad precaria al mantra dominante, aunque en crisis continua, de la época? ¿Cómo llegamos a pensar que los individuos y las sociedades deben aceptar la catástrofe como el punto de partida para adecuarse al futuro? Y ¿qué significa negar la posibilidad de construir nuevos imaginarios y conceptos para la pertenencia política más allá de los imaginarios catastróficos del gobierno liberal tardío?

Se nos ha obligado a cuestionar y repensar el significado de nuestros agradecimientos frente al estado de las cosas actual. Después de todo, ¿qué significa reconocer un proyecto intelectual de tal modo que seamos fieles a los principios que describimos previamente? Sin duda este libro tiene una gran deuda personal con algunos colegas excepcionales con los que compartimos nuestras ideas, pensamientos y problemas. No es que esperáramos que respetaran algún tipo de acuerdo de confidencialidad, como si pudiéramos impartir nuestras ideas sólo a unos cuantos que, según creyéramos, no revelarían nuestros secretos hasta que estuvieran listos para el mercado, por decirlo de algún modo. No tenemos miedo de compartir nuestras ideas. Cada uno de nosotros es un colaborador de múltiples formas. Afirmamos que cualquier amistad que sea digna de llamarse así exige entregar la obra a quienes harán una crítica rigurosa y mostrarán deslealtad a la prosa. Esto se hace con confianza. Así, es con aquellos entre nosotros que tienen una mente crítica, es con aquellos que tienen el valor de enfrentar la verdad al poder, con quienes comenzamos nuestros agradecimientos y a quienes ofrecemos nuestra más sincera gratitud. Sus nombres están lo suficientemente grabados a lo largo de este texto como para que los puedan reconocer quienes sientan curiosidad por saber más sobre nuestras fuentes de inspiración.

Cada vez más en la academia se nos fuerza a entrar en un engaño confidencial. Por un lado, está la necesidad de comprobar y establecer la propiedad de la obra. Este tipo de evaluaciones tan primitivas —y que acompañan esto— han demostrado ser una burla de la noción de que el pensamiento más genuinamente original nunca aparece en los lugares más establecidos. Aun así, como académicos también nos vemos forzados a aceptar que nuestras contribuciones quizá sólo resuenen por un brevísimo momento. Pues la siguiente crisis que aparezca en el horizonte, según se nos dice, con todas sus catastróficas permutaciones, invalidará todo lo que vino antes de ella. Por consiguiente, operar actualmente en la academia implica ser tan vulnerable como cualquier otro que opere en las sociedades liberales tardías. La confianza y los principios relacionados con reclamar el significado de la Universidad en cuanto tal se arrojan por la ventana cuando se nos dice que aceptemos las realidades intelectuales de esta época. Las amistades que celebramos abiertamente con colegas y estudiantes por igual rechazan de modo categórico este modelo, que, en el mejor de los casos, sigue llevando a la promoción de la mediocridad intelectual, mientras que, en el peor, naturaliza nuevas formas de inseguridades a través de arribistas insinceros que continúan calificando y describiendo a colegas de modo militarista. Por consiguiente, agradecemos a los intelectuales que son dignos de ese término, que aún creen que la función esencial de la Universidad es responsabilizar al poder. Agradecemos a aquellos que rechazan la rudeza de la cuantificación intelectual y encuentran en el campo de la pedagogía crítica una motivación, no sólo por el bienestar de la educación pública como un bien en sí mismo sino a causa de un amor por lo imposible, por lo intangible y por la poesía de imaginar y crear vidas dignas y libres. Nuestra inspiración se conserva en aquellos que dedican una vida de esfuerzos ejemplares en sus obras, de tal modo que siempre sobrevivirán a su captura deliberada, que resulta tan común en las personalidades unidimensionales de los expertos razonados.

La academia es un lugar tenso y, en ocasiones, abiertamente hostil, en especial para aquellos que nunca han estado realmente «dentro» de ninguna escuela o movimiento particular, como si eso fuera un reflejo de un corpus intelectual que en primera instancia busca interrogar las condiciones de lo nuevo. Si bien ambos podemos vernos reflejados personalmente en encuentros con antiguos colegas que parecían una «policía del pensamiento» pues preferían sofocar o disminuir la fuerza de nuestras ideas en vez de celebrar nuestras diferencias intelectuales, en estos tiempos arduos, nos sentimos agradecidos por los consejos personales y el apoyo institucional que nos han ofrecido para mantenernos fieles y honestos a la obra. También hemos encontrado aliados en aquellos que continuamente colaboran in absentia. Ya sea que regresemos a las enriquecedoras palabras de Friedrich Nietzsche, Michel Foucault, Hannah Arendt, Gilles Deleuze y Jacques Derrida, quienes siguen enseñándonos que otro imaginario político es posible, ya a la fuerza creativa y reveladora que aún resuena en las obras de Franz Kafka, Ingmar Bergman, Bertolt Brecht, Lewis Carroll, George Orwell, Samuel Beckett, Francis Bacon y Philip K. Dick, nuestro proyecto tiene una deuda absoluta con aquellos que se pusieron del lado de lo poético, por encima de los intentos tiránicos de hacer que nuestra imaginación política se convierta en el siervo de la razón normalizadora. Por lo tanto, agradecemos aquí a las verdaderas figuras revolucionarias: los sujetos poéticos de nuestro presente histórico, quienes siguen dando forma a nuestra existencia de las maneras más creativas, convincentes y afirmativas.

El verdadero milagro de cualquier libro se encuentra en la manera en que fuerza de modo potencial el choque de pasados, presentes y futuros. Está compuesto de todas nuestras experiencias pasadas, muchas de las que pueden parecer insignificantes o fugaces en el momento pero que no obstante terminan influyendo profundamente en nuestro sentido y nuestra percepción contemporáneos de «el mundo» que es siempre y en última instancia «nuestro mundo». En ocasiones olvidamos agradecer estos encuentros fortuitos, breves momentos de interrupción, que, sin embargo, conforman el complejo archivo de nuestras mentes y sus conexiones con las facetas material e inmaterial de la existencia. Además de esto, existe siempre la posibilidad de que resuene más allá del cuerpo del texto. Si la obra funciona en alguna medida, debe desempeñarse y funcionar en maneras que los autores no podrían haber previsto durante su producción. Si bien lo anterior inevitablemente nos deja abiertos a interpretaciones maliciosas y arbitrarias por parte de aquellos que no logran involucrarse adecuadamente con la integridad de la prosa, con suerte también generará transformaciones en los procesos de pensamiento de los lectores, no con el fin de establecerse como un evangelio o un credo sino para inspirar la creación de nuevas subjetividades que sigan condenando el abuso de poder y el opacamiento de la existencia en manos de aquellos que exigen que nos entreguemos a la misericordia del mundo. Nietzsche nos dio sus flechas para que pensadores desconocidos pudieran recogerlas y dispararlas en nuevas direcciones. Por lo tanto agradecemos y damos la bienvenida a aquellos encuentros futuros con académicos, estudiantes y poetas, con la certidumbre de que seguirán transformando nuestras vidas en espera de un nuevo tiempo por venir y contra los imaginarios políticos que siguen construyendo una tierra fascista.

Habiendo dicho lo anterior, debemos saldar algunas deudas y agradecer a quienes en verdad nos ayudaron a lo largo del camino de la redacción de este texto. Ambos deseamos agradecer a los organizadores del Taller de Resiliencia en la Universidad de Copenhague, Dinamarca, por una experiencia en verdad alucinante que nos afirmó con vigor y propósito intelectual renovados la razón por la que este proyecto era importante, si no en última instancia al menos por su recepción en un campo dominado por políticas. Ofrecemos nuestro más sincero agradecimiento a Louise Knight y a todo el equipo de Polity por su profesionalismo continuo, su integridad y su compromiso con la pedagogía crítica. Son un faro en un mundo editorial cada vez más animado por el poder de la conformidad y la seducción de la mediocridad.

Brad Evans desea agradecer a Tom Osborn por su apoyo continuo y su guía como director de la facultad, así como a sus colegas en el Centro de Inseguridades Globales de la University of Bristol, quienes promueven un ambiente en verdad colegial y acogedor. Una mención especial merece Henry A. Giroux, Mark Duffield, Michael Shapiro, Saskia Sassen, Sam Weber, Simon Critchley, Gregg Lambert, Keith Tester, Terrell Carver, Raymond Bush y Michael Dillon por su guía e inspiración continuas. Se extiende la amistad a Nadine Boljkovac por su compasión y comentario poético en una variedad de temas. Brad también desea agradecer a todos los miembros de The Society for the Study of Bio-Political Futures (La Sociedad para el Estudio de Futuros Biopolíticos), se siente honrado y privilegiado de formar parte de un colectivo tan dinámico y generoso de académicos pioneros. Los estudiantes, tanto pasados como presentes, son siempre una fuente de inspiración. ¡Que por mucho tiempo mantengan su duda del dogma prevaleciente y la decepción de aquellos que sólo utilizan la razón para enseñar mediocridad debido a sus limitaciones intelectuales! Se siente bendecido por la atemporalidad de los vínculos personales de amistad y el cariño de su maravillosa familia. Sin embargo, nada de lo anterior sería posible si no fuera por el amor continuo y el apoyo de Christine, así como la presencia de su hermosa hija Amelie, quien está creciendo para convertirse en la jovencita más encantadora, inteligente y adorable.

Julian Reid agradece a sus amigos en la University of Nottingham, campus Malasia; a Mika Aaltola en el Instituto Finés de Asuntos Internacionales, a sus amigos en la Universidad de Laponia y a Dan y Nandita Mellamphy en la University of Western Ontario, Canadá, por sus invitaciones a eventos esenciales, donde se probaron por primera vez muchas de las ideas que se desarrollan en el presente libro. También le gustaría agradecer a la Conferencia de la IPSA en la Universidad de Madrid, España, la Western Political Science Association Annual Meeting [Reunión anual de la asociación occidental de ciencias políticas] en Portland, Oregón, las Association of American Geographers Annual Meetings [Reuniones anuales de la asociación de geógrafos estadunidenses] en Nueva York y Seattle, Estados Unidos, la International Studies Association North East Annual Conference [Conferencia anual del noroeste de la Asociación de Estudios Internacionales] en Providence, Estados Unidos, la Conferencia de Estudios Globales en Río de Janeiro, Brasil, la Conferencia «Estado y construcción de Estado: Teoría y práctica en retrospectiva», Belgrado, Serbia, la National Security and Strategic Contexts Conference [Conferencia de Seguridad Nacional y Contextos Estratégicos], National Institute for Advanced Study [Instituto Nacional de Estudios Avanzados] en Bangalore, India, la International Studies Association Convention [Convención de la Asociación de Estudios Internacionales] en Nueva Orleans, Estados Unidos, todos ellos eventos también muy útiles. Además, el Taller sobre Violencia y el Medio Ambiente en la Universidad de Coimbra, Portugal, la Migration and the Border Research Conversation [Conversación sobre la migración y la investigación de frontera], University of Durham, Durham, Reino Unido, el Taller «Enfoques críticos de la migración ocasionada por el clima», Universidad de Hamburgo, Hamburgo, Alemania, el Political Violence after de Death of God Workshop [Taller «Violencia Política después de la Muerte de Dios»], University of Leeds, Leeds, Reino Unido, el International Development-Security Network Workshop [Taller «Desarrollo Internacional-Red de Seguridad»], Instituto Sueco de Asuntos Internacionales, Estocolmo, Suecia, el Politics beyond the Biopolitical Subject Workshop [Taller «Política más allá del Sujeto Biopolítico»], Griffith University, Australia, el Coloquio Biopolítica de lo Cotidiano, Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, Chile, la Calotte Academy, Inari, Finlandia, el Politics of the Brain Workshop [Taller «Política del Cerebro»], Westminster University, Londres, Reino Unido, el Simposio «Leer a Michel Foucault en el presente poscolonial», Universidad de Bolonia, Bolonia, Italia, el Development and Colonialism Workshop [Taller «Desarrollo y Colonialismo»], Universidad de Viena, Viena, Austria, el Vulnerability Symposium [Simposio sobre Vulnerabilidad], University of Otago, Dunedin, Nueva Zelanda, el Biopolitics of Development Workshop [Taller «Biopolítica del Desarrollo»], Swabhumi, Calcuta, India, el Climate Change and Human Security Workshop [Taller «Cambio climático y seguridad humana»], Arcticum, Universidad de Laponia, Finlandia, fueron también todos muy útiles.

Agradece además a Gideon Baker, Andrew Baldwin, Oliver Belcher, David Chandler, Sandro Mezzadra, Johanna Oksala, Mustapha Pasha, Manas Ray, Ranabir Samaddar, Giorgio Shani, Annika Skoglund, Jens Sorensen, Monica Tennberg, Ben Trott, Miguel Vatter y Geoffrey Whitehall por su hospitalidad y por sus invitaciones. Además desea agradecer a Michael Dillon por la invitación a representar «An Open Letter to Immanuel Kant» [Carta abierta a Immanuel Kant] en la Universidad Şehir, Turquía, así como a Marten Spangberg por la invitación a representar «Curious Orange, Paranoid» [Extraño naranja, paranoico] en MDT Estocolmo, Suecia; ambas representaciones alimentaron inmensamente el imaginario de este libro. Gracias a mis estudiantes en la clase Biopolitics of Development and Security [Biopolítica del Desarrollo y Seguridad] que impartí en la Universidad de Laponia así como en la Universidad Politécnica de Estambul, Estambul, y a los estudiantes del programa de maestría en biopolítica global de la Universidad de Laponia. Agradece también a la Academia Finesa, la Unión Europea y la Universidad de Laponia por su generosidad al financiar la investigación que hizo posible su contribución al presente libro. Ante todo agradece a Sandra Lolax por ser el sujeto posbiopolítico que es. Una inspiración absoluta.

BRAD EVANS
JULIAN REID
2013